Soliamos despertar para ver si ya no era lunes.
Mostrando entradas con la etiqueta Soledad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Soledad. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de mayo de 2010

Me gustaría que entendieras
que mi cuerpo
nunca estará sentado
en el escritorio
que compraste para mi futuro.

lunes, 29 de marzo de 2010

Cuando leas esto (seguramente)
estare montada en el tren de la ausencia,
con mis metáforas baratas y los tennis rotos
que tanto te gustan,

me llevare también y si no te importa
las notas que dejaste en el refigerador,
algunas grabaciones
(que sin tu conscentimiento grabe de tu voz),

las noches,
los días,
junio y agosto,
me llevo al perro, seguramente no lo querras

sabiendo que es mío,
la comida y la colección de poemarios
que nunca publique,
me llevo tu playera más grande
la más vieja,

tus ojos en ese retrato,
la canción favorita que sonaba
cada que marcabas al celular,
la caja de cereal (vacia ya)

donde vivimos tanto tiempo,
me llevo el aire que respiramos juntos
para dejarte uno limpio y sin
recuerdos.

Me llevo -casi- hasta tu piel,
lo demás no importa, quedate con la cuenta de banco
y los problemas financieros,
quedate con el recibo de teléfono,
te dejo todo lo demás.

Sólo te pido que compres un nuevo corazón,
abrelo,
toma la mitad y mandala con el cartero,
te dejo la dirección escrita en mi corazón,
porque no me sirve
porque tiene tu aroma y tu voz.

domingo, 14 de febrero de 2010

El sencillo deseo, la caricia sonrojada de la noche eterna, de las caricias que se esconden en tus manos

Resbalando de mis dedos
mordias el silencio que te
estaba regalando,
qué tal que comemos
nuestros sueños mientras
los hombres naturales
se convierten en un pantano,
en la losa verde que te gusta
pisar,
en las casa largas y conjuntas,
en los cereales con leche
fría...
Qué tal que dejamos
al mundo vivir, mientras
nos besamos.